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16 junio 2011

LA LIMPIEZA QUE SANA


Yo la he hecho, y es espectacular! Funciona!

Me inicié en el ORIGEN EMOCIONAL DE LA ENFERMEDAD gracias a mi gran Maestro Lele, y me enseñó aquello de los 5 días a zumo de manzana, que él recomendaba desde los años 80.

La manzana tiene propiedades como:

USO INTERNO
  • desintoxica el hígado
  • dilata los vasos por donde evacuaremos los cálculos hepáticos y biliares
  • Antiinflamatoria del aparato digestivo
  • Antidiarreica y laxante suave
  • Diurético y depurativa
  • Anticatarral
  • Anticolesterol
  • Hipotensora
  • Sedante
  • Febrífuga
  • Ayuda a fumar menos
  • Anticancerígena: Por su contenido en catequinas y quercetina, dos fitoquímicos que protegen contra la acción de los radicales libres y tienen propiedades anticancerígenas muy potentes
  • Enfermedad de Ménière: las curas de vinagre de manzana con agua ayudan a mejorar esta enfermedad
USO EXTERNO
  • Dolor: Para relajar los músculos cansados después de un esfuerzo físico, evitando los dolores y calambres se puede aplicar una loción sobre la zona dolorida con vinagre de manzana
  • Hongos en los pies: El vinagre de sidra puede utilizarse para eliminar los hongos de los pies, evitando la sensación de ardor
  • Uñas: Los baños de uñas en vinagre de sidra de manzana ayudan a fortalecer las uñas y evitar que se rompan
  • Alergias alimentarias: También puede resultar eficaz para disminuir la intolerancia hacia ciertos alimentos, evitando las alergias alimentarias
  • Oído: El vinagre de de manzana tiene propiedades muy beneficiosas para la salud del oído. Es rico en potasio cuya deficiencia, junto a la de magnesio, cinc y manganeso puede producir sordera. Además hidrata y regenera las mucosas por lo que puede ayudar a combatir los problemas del oído interno debidos a excesiva sequedad
  • Mal olor de las axilas: El vinagre de sidra de manzana puede constituir un buen desodorante para eliminar el olor desagradable
  • Flaccidez: Se utiliza para realizar masajes de las zonas flaccidas y mejorar el aspecto de la piel



LA LIMPIEZA DEL HIGADO Y LA VESICULA
basada en la Técnica del Dr. Andreas Moritz

¿Qué importancia tiene el hígado?. ¿Qué consigues con esta limpieza tan sencilla?


Hoy en día, por desgracia, poca gente sabe aún cómo limpiar el hígado. La mayoría de los afectados, además, desconoce que lo tiene lleno de sedimentos internos que atrancan su trabajo mientras echan la culpa al estómago, intestinos, piel, alergias, corazón, y otros órganos o enfermedades. Sin embargo, en la raíz de casi todas las patologías está siempre el silencioso hígado, pues el hígado es el gran olvidado de la medicina (o el gran desconocido), ya que sin manifestarse en los análisis puede estar en insuficiencia, «amargándonos» la vida.

Comparativamente con el hígado, poca gente tiene piedras en la vesícula. Pero, aún así, miles de ellos pasan cada día por el quirófano a operarse de sus piedras. Si tienen tantas en la vesícula, imagínese como tendrán el hígado: ¡completamente congestionado!. Los que desarrollan piedras en su vesícula, podemos asegurarles que tienen muchas más dentro de su hígado. Pero si se operan de éstas, ¡seguirán con el hígado lleno de cálculos!.

Por culpa de estos depósitos intrahepáticos, el hígado no puede fabricar suficiente bilis para una buena digestión, y su trabajo será aún más insuficiente después de la resección de la vesícula. Cierto que ya no tendrá cólicos, pero al extirpar la vesícula quedará con la digestión estropeada de por vida.

El fin de la vesícula es concentrar y expulsar la bilis cuando la comida llega al intestino delgado. Gracias a ella, no sólo se digieren las grasas, sino que también se eliminan los tóxicos que depura el hígado, se hace la digestión de proteínas e hidratos de carbono (junto a los jugos pancreáticos), se depuran y limpian los intestinos de flora patógena y, dado que la bilis es muy alcalina, se neutraliza el ácido clorhídrico proveniente del estómago, entre otros cientos de funciones, todas muy relevantes para la salud. Minimizar su importancia es por tanto un craso error.

Al no tener suficiente bilis acumulada -por falta de vesícula- los pacientes operados tendrán que conformarse con el gota a gota que fabrica su hígado, la cual es diez veces menos concentrada que la que se acumula en la vesícula. Quedarán así mutilados y con la digestión deteriorada para siempre, no pudiendo abusar de nada y lo que es peor, desembocando en numerosos otros procesos patológicos como hinchazón abdominal, diarreas crónicas u osteoporosis. Por eso, operar la vesícula no resuelve el problema, sino que tan sólo lo cronifica y muchas veces empeora. La única solución es limpiarla, pero conservándola porque la vesícula es un órgano fundamental para la digestión, y la digestión es el motor de la salud.

Pero no sólo hay cálculos en la vesícula, sino que éstos también se forman dentro del hígado, lo que es generalmente desconocido. Éstos llegan a obstruir los canales biliares intrahepáticos, mermando notablemente sus importantes funciones orgánicas. Es muy cierto que la mayoría de las personas, debido al tren de vida actual, tenemos el hígado afectado por un exceso de sedimentos o depósitos que pasan desapercibidos para la medicina oficial, y también para la alternativa. ¿Por qué? Porque estas piedras -coágulos de bilis seca-, no se detectan fácilmente en las ecografías dado que la mayoría están formadas por colesterol seco. Y no se detectan porque tienen la misma densidad que los tejidos del hígado, ya que están formados hasta en un 96% de colesterol.

El hígado fabrica colesterol continuamente para cientos de funciones, y la misma bilis es colesterol en estado líquido gracias a la presencia de sales biliares que la mantienen así. Cuando la bilis se coagula dentro del hígado por diversas razones (dietas light, baja hidratación, uso de anticonceptivos…) los conductos intrahepáticos se atascan y se deforman, dando lugar al entorpecimiento de la circulación intrahepática, impidiendo también la salida de fluidos del mismo para la digestión. Este atasco es sumamente nocivo para la salud. Ello produce numerosas dificultades digestivas, y también posteriores enfermedades de todo tipo que se derivan de la insuficiencia hepática como son: alteraciones metabólicas, intestinales, digestivas, linfáticas, inmunitarias, hormonales, cardíacas...

El hígado repercute en todo, pues él es el encargado de fabricar tu cuerpo y de limpiarlo. Ciertamente podemos asegurar que: ¡tu hígado es tu médico!

Por causa de estos sedimentos duros de colesterol atascados, el hígado se ve incapaz de fabricar suficiente cantidad de bilis para la digestión (1 litro y cuarto al día) y soltarlo luego al intestino. Así, cada día, grandes cantidades de comida sin digerir se degradarán en el tracto intestinal sin poder ser metabolizados, lo que finalmente terminará por intoxicarnos. Ello favorece múltiples patologías en todos los órganos y sistemas, que se van colapsando en cadena, y promueve las infecciones por parte de gérmenes que la naturaleza ha destinado para hacerse cargo de la descomposición de los residuos. Por eso aparecen, entre otros, la colonización intestinal por hongos tipo «Cándida» (que llega a tapizar todo el intestino delgado por dentro), los parásitos, o las infecciones por bacterias y virus que se llevarán la culpa de la enfermedad cuando en realidad nosotros hemos propiciado un terreno apto para su desarrollo. Ellos sólo cumplen su función natural que es descomponer y degradar las toxinas.

En la mayoría de las ocasiones, el problema está originado por la sobrecarga tóxica que se produce debido a un hígado hipofuncional. Las pruebas médicas sólo miden su grado de deterioro, pero no su capacidad de funcionamiento. Un hígado insuficiente, lleno de residuos, puede estar al 40% de su capacidad sin dar síntomas de su grave deterioro en las analíticas, pero repercutiendo en cambio en muchos otros sistemas orgánicos por su mal funcionamiento.

Como hemos dicho, esta disfunción hepática conlleva a la larga un acumulo tóxico a todos los niveles: sanguíneo, muscular, cutáneo, linfático, intersticial…, lo que termina degenerando en las múltiples patologías que conocemos y clasificamos con distintos nombres o diagnósticos. Sin embargo, la causa original es siempre la Toxemia orgánica producto de una mala digestión y una insuficiente eliminación de los residuos del metabolismo.

Imagina tu cuerpo como si fuera un coche al que nunca le has hecho el mantenimiento (limpiar el filtro de aceite, aire, gasoil…). En poco tiempo andará a trompicones, realizará una mala combustión y consumirá mucho más de lo debido. Hasta que se detenga. Lo puedes llevar entonces al mecánico, pero como éste no cambie o limpie los filtros, el problema no se arreglará. El cuerpo es similar, pues si el filtro hepático está atascado, la circulación sanguínea y linfática se atranca y obstruye, por lo que se acumulan depósitos tóxicos por todos lados y no pueden ser eliminados por el hígado. La sangre procedente del intestino por la vena porta no será capaz de atravesar el atasco hepático (o congestión hepática), y se estancará hacia atrás dando lugar a las extendidas hemorroides, pero afectando a toda la circulación de la mitad inferior del organismo que debe atravesar la sangre por esa vía (miembros fríos, varices, dolor piernas...). Este atasco intrahepático también obliga a un mayor esfuerzo al corazón, que está tirando de la sangre a través del hígado, lo que le produce arritmias e hipertrofia por el gran esfuerzo durante largos años.

El sistema linfático, que es algo así como el alcantarillado del cuerpo, también terminará colapsándose, lo que dará lugar a edemas linfáticos, linfomas, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, y muchas otras patologías referidas a los estados crónicos de intoxicación orgánica que no tienen cura, mientras no se limpia el hígado.

Finalmente, todo este panorama de progresiva intoxicación, conduce necesariamente al cáncer, ya que tanta basura rodeando a las células hace que éstas literalmente se asfixien, convirtiéndose en anaerobias en un último intento para mantener su integridad entre el lodo tóxico que las rodea por doquier. Pero el sistema sanitario prevalente, confunde este último esfuerzo defensivo con un ataque (¡como si el cuerpo se dedicara a atacarse a si mismo!), y las destruye con quimio o radioterapia. ¡En realidad, lo que hay que hacer es limpiar los tejidos!. Esto, en gran parte, es función del hígado, y ahora afortunadamente podemos mejorar el estado de nuestros tejidos internos con la práctica de la limpieza hepática.

Además de conveniente para la salud, es también muy fácil de realizar la LH. Probar esta cura sencilla y natural nos permitirá comprobar de primera mano su eficacia. Pero es un proceso al que conviene entrar preparados y bien informados, pues hay que seguir fielmente el protocolo, o si no, puede haber riesgos derivados imprevisibles. No debe tomarse a la ligera, especialmente si tienes piedras en la vesícula.

Tampoco deben hacerla los que tengan problemas renales (deben limpiar antes sus riñones), o si se tienen problemas circulatorios (uso de sintrom, etc). Cualquier cosa de la que usted dude, es mejor que no la haga hasta convencerse y consulte a su médico o terapeuta de elección.

Dentro del procedimiento de LH, las lavativas son imprescindibles, especialmente las del día después. Si no, las piedras pueden alojarse en el colon y permanecer allí con sus toxinas, provocarnos una apendicitis o, cuando menos, un dolor de cabeza por causa de las toxinas liberadas. El que no quiera o no esté dispuesto a ponerse lavativas es mejor que no haga la limpieza hepática. Por eso es importante informarse bien del protocolo, y recomendamos estudiar la bibliografía al respecto. Las escasas personas que han tenido problemas, ha sido generalmente por no beber suficiente agua el día de la cura, y al siguiente, así que cuide hidratarse bien si decide realizarla algún día, pues las sales de Epson son muy secantes.

La limpieza que nos propone Andreas Moritz es sencilla pero deben seguirse las instrucciones paso a paso. El proceso dura 7 días, 6 de preparación y uno de expulsión. El día de la expulsión es recomendable que sea un fin de semana o un día que podamos estar tranquilos en casa y cerca de un WC.
Material necesario:
- Sales de Epson o sulfato de magnesio, como para cuatro cucharadas soperas bien colmadas.
- Medio vaso de aceite de oliva virgen extra
- 3/4 de vaso de zumo de pomelo (preferiblemente rosa) o ¾ de vaso de zumo de limón y naranja a partes iguales.
- 6 litros de zumo de manzana, no es requisito indispensable que sea zumo ecológico, aunque lo mejor es licuar manzanas.

Paso previo para realizar la limpieza es realizar una limpieza de colon si no vamos muy bien al baño. También es recomendable no ingerir nada frío ni alimentos de origen animal, productos lácteos ni fritos.

Durante los 6 primeros días hay que tomar entre comidas (2 horas después de cada comida), a pequeños sorbos, 1 litro de zumo de manzana, cada día.

El sábado o el día escogido para hacer la limpieza es mejor que no coincida con la luna llena ni los 2 días anteriores o posteriores. Ese día tomaremos el litro de zumo por la mañana, comeremos una comida ligera con arroz por ejemplo y es recomendable acabar de comer antes de las 14:00.

A las 18:00 tomaremos 1 vaso de agua con 1 cucharada sopera de sales de Epson.

A las 20:00 tomaremos el segundo vaso de agua con 1 cucharada sopera de sales de Epson.

Para si todo va bien entre las 21:00 y las 21:45 debemos haber evacuado de nuestro intestino los restos de comida.

A las 22: 00 tomaremos de pie y al lado de la cama ½ de vaso con el aceite de oliva virgen y los ¾ de vaso con el zumo de limón o pomelo y naranja mezclados y bien agitados. Nos acostaremos inmediatamente (hay quien recomienda sobre el lado derecho y en posición fetal, pero es importante relajarse y descansar, no hacer ningún esfuerzo).

Entonces hay que tratar de dormir.

A las 6:00 tomaremos el tercer vaso de agua con 1 cucharada sopera de sales de Epson.

Y a las 8:00 tomaremos el cuarto y último vaso de agua con 1 cucharada sopera de sales de Epson.

Es probable que durante esa mañana debamos ir varias veces al baño. Las deposiciones que hagamos llevaran los cálculos de los conductos hepáticos. A ser posible es recomendable usar un colador de filtro para luego poder comprobar tamaño, color y cantidad de las piedras que se expulsan.

El proceso de limpieza habrá concluido. Pero esto no significa que se hayan expulsado todas las piedras. Puedes tener más. Andreas Moritz recomienda hacer varias limpiezas hasta que ya no salgan más. A razón de una al mes, nunca con más frecuencia.

Dos horas después podremos ingerir algún zumo o alguna fruta. Más tarde podremos empezar a hacer vida normal, teniendo en cuenta que es como si acabasen de hacernos una operación quirúrgica sin ningún efecto secundario.

Según Moritz con ocho o seis limpiezas es suficiente para restablecer el equilibrio en nuestro hígado, luego se puede hacer una limpieza al año como mantenimiento.

Con lo que te he escrito puedes hacerte la limpieza sin problemas. A mí, y muchas más personas conocidas, nos ha ido genial. Sus efectos se notan de inmediato. Si deseas más información, puedes comprarte su libro:

2 comentarios:

Anónimo dijo...

hola tengo algunas preguntas? antes de empezar este tratamiento tengo que hacerme una limpieza de colon verdad. y durante el tratamiento no puedo ingerir alimentos frios, ni productos lacteos, ni fritos, ni alimentos de origen animal?
verdad? gracias

Pepelu dijo...

Si es correcto.
La limpieza es conveniente siempre, y más aún el día posterior al finalizar.
La alimentación es como dices... así pues, espero haberte respondido.
Verás magníficos resultados.
Te lo aseguro.

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