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14 julio 2013

MIGRAR


Ser emigrante representa muchas cosas positivas y negativas. Y también el derecho a opinar sobre el territorio al que llegas.

Hay dos aspectos, uno lo que resiente el emigrante en el nuevo territorio; y otro, la forma como es visto, y eso tiene que ver con la forma como el emigrante se va a sentir y reaccionar en su nuevo mundo.

Pero en general, con algunas excepciones claro está, encontramos el sentimiento de nostalgia de lo que se dejó atrás, de lo que en cierta forma se va a perder por algunos años. Es muy duro y triste saber que algunas personas están avocadas a esto por poder salir adelante.

Ser emigrante es una buena cosa para verse y aprender de sí mismo, y saber quienes conforman tu entorno.

Ser emigrante te enseña el NO APEGO (que no es lo mismo que el desapego).

Ser emigrante te enseña que el tiempo y espacio no existen nada más que en tu mente.

Ser emigrante te hace a ti y a los que dejas en tu país.

Ser emigrante te muestra lo que es el amor... ay, amor!

Ser emigrante te descorcha la incomprensión y crítica de los de donde vienes y de los de donde vas.

Ser emigrante te trae injusticia humana pero Justicia Divina.

Ser emigrante te fortalece.

Ser emigrante te marca para siempre.

Ser emigrante es comenzar con un nuevo orden de cosas. Parirte de nuevo.

Ser emigrante, también es una buena forma de ver desde afuera su país de origen, y de valorarlo en la medida que corresponda.

Ser emigrante para algunos permite escapar de una mala situación económica en su país y encontrar una vida mejor para formarse o trabajar, y todo ello, con un fin último en la mayoría de los casos: velar responsabilidad por su familia.

Ser emigrante para muchos otros trae más cosas positivas: nuevos encuentros personales y profesionales, amistades, enemigas, nuevas parejas y una nueva y buena vida.

Ser emigrante es conocer nuevos horizontes, nuevas culturas, nuevos sistemas y sociedades, nuevas democracias (si existen), y si se tiene la capacidad de apreciarlas y por qué no, de opinar de ellas en toda su amplitud.

Ser emigrante puede traer buenas cosas para muchos individuos, pero como dije antes también está el sentimiento de la nostalgia, la discriminación para algunos, la explotación en el trabajo para otros, diferentes sacrificios, la barrera de la lengua…

Ser emigrante también depende si se está en situación legal o no, para los que no, esto se puede tornar en algunos casos al miedo de ser atrapado y deportado, el ser emigrante clandestino complica el regreso de vacaciones para los que quieren ver su familia y su tierra.

Ser emigrante, representa el crecimiento del amor por el mundo más que por el país, incrementa el sentimiento de solidaridad y confraternidad, de respeto. Pero el respeto también es tener criterio sobre ese territorio; opinar libremente con argumentos, aleccionarse y aleccionar.

Ser emigrante puede representar muchos nuevos amigos, pero también mucha soledad.

Ser emigrante es ser visto como una amenaza para algunos autóctonos, sobre todo si tu nivel académico y/o curriculum profesional es de mayor cualificación que la media.

Ser emigrante es un desafío que puede destruir una persona como la puede fortalecer.

Ser emigrante es ser tolerante hacia otras personas de diferente procedencia, cultura, religión… o lo contrario, todo depende de la visión con la que se venga de su país de origen, pero también de las vivencias en el nuevo país que se puede convertir en un buen descubrimiento o en un choque de culturas.

Ser emigrante esto y mucho más. Yo soy emigrante en el mundo y en tránsito por este hábitat, y algunas cosas de las que dejo aquí escritas me tocan, porque me conciernen a mí directamente; y las demás, a personas que conozco.

Si trasciendes de lo físico a lo espiritual, de lo mental al Yo Superior, te darás cuenta que definirse emigrante es tan absurdo como ser hijo de, o fan de, o pareja de, o patriota de…

Tu cultura eres tú, tu país eres tú, tu sociabilidad eres tú, tu solo representas a: TU.


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