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13 julio 2013

Mar, y tú me preguntas... ¿Qué tiene México para mí?


Para que el águila levante el vuelo...
primero debe abrazar bien las raíces (ramas)...

22 junio 2012

TU ALMA GEMELA NO EXISTE FUERA DE TI


Pero, ¿qué es realmente el alma gemela? ¿Qué es lo que la hace la “pareja ideal”?

Resulta muy común encontrar que luego de describir a nuestra pareja ideal lo que hemos descrito es una versión mejorada de nosotros mismos, ya sea del mismo sexo o del opuesto. Pero, ¿será que el alma gemela existe fuera de nosotros? ¿No será quizá justamente por esto es que es tan difícil hallarla en otra persona? ¿O será que el destino se mofa de nosotros viendo cómo nos tropezamos y caemos?

Existe una visión distinta que puede ayudarnos, una visión coherente con lo que han dicho muchos iluminados acerca del sexo, cuando comparan a este con apenas un breve flash de dicha comparado contra lo que siente aquel que se encuentra consigo mismo.

Cuando nacemos a este mundo, lo hacemos a partir de una división de nosotros mismos. En ese momento, comenzamos a existir simultáneamente en varias dimensiones, existo en tercera dimensión y experimento la realidad de este plano, con sus gozos y sufrimientos; pero también existo en una dimensión superior, una en la cual tengo acceso al conocimiento, un universo paralelo en el cual vivo las experiencias propias de ese plano superior.

Esa entidad que existe en un universo paralelo, en una frecuencia energética mayor, en una dimensión superior, soy yo mismo vibrando más alto. Ese es el famoso Ser del que tanto se habla, aquel que parece tan inalcanzable. Nunca nos hemos desconectado de él, no podemos, pues somos nosotros mismos, solo que no sabemos comunicarnos. Esa entidad es nuestra verdadera alma gemela, ese Ser tiene todo aquello que nos complementa, por eso cabe en la descripción que hicimos cuando describimos a nuestra alma gemela; al unirnos a ella seremos perfectos, pues todo lo que nos falta lo tendremos.

Es importante que comprendamos que ese deseo profundo de unión, el cual expresamos a través del deseo de tener pareja, en realidad es un deseo profundo de volverme a unir conmigo mismo. Esa unión en realidad es una comunicación, pues unidos siempre hemos estado, solo que no sabemos comunicarnos con nuestra alma gemela.

Continuar creyendo que el alma gemela existe en otra persona distinta a nosotros mismos lo único que refuerza es la frustración de sentirnos incompletos, y permite que la personalidad, la mente, continúe ejerciendo su dominio sobre nosotros. Tu alma gemela no existe fuera de ti.

Todo tu camino, todo tu proceso, todo tu deseo de tener pareja, todo tu interés espiritual, siempre han tenido un único motivador: la necesidad de reunirte contigo mismo.

Al fin de cuentas, tú eres tu alma gemela.

01 marzo 2012

Llevo ya mucho tiempo con el lenguaje acertado,
mi forma habitual de comunicar ya cambió,
ahora me comunico a base de sentimientos,
y uso como vehículo mi simple ESTAR.

El sentimiento es el lenguaje del alma.

Si quieres saber que hay de cierto para ti en algo,
sea lo que sea,
piensa en cómo te hace sentir.

Si tu plexo se abre como flor de loto, es verdad.

20 abril 2011

CREO ETERNAMENTE EN DIOS.
JAMÁS CREERÉ EN NINGUNA IGLESIA.
Y HACE TIEMPO QUE DEJE DE CREER EN
MUCHOS HOMBRES Y MUJERES.

AUN ASÍ
TODAVIA ME QUEDA FE

08 abril 2011

JOHREI


Un nuevo paradigma para el Siglo XXI. Percibir que el ser humano y los demás seres vivos son mucho más que la compleja herramienta que hacen funcionar nuestros cuerpos, es actualmente una condición indispensable para encontrar respuestas a nuestra vida y a la de nuestro planeta.

Ya se ha vuelto imposible intentar eliminar nuestros males sólo tratando los síntomas. Y eso es algo que se puede verificar en todo los niveles. Uno de los indicadores de que finalmente están surgiendo nuevos tiempos de cambios, es el creciente aumento de personas que se vuelcan hacia prácticas holísticas como el camino para encontrar una solución definitiva.

La ciencia de punta ha comprobado a través de diversas investigaciones la existencia de energías invisibles que alteran de manera sorprendente situaciones hasta entonces irreversibles. La propia Organización Mundial de la Salud, órgano oficial de la ONU, a partir del año 2000, amplió la definición de lo que significa salud, incluyendo una condición adicional: la salud espiritual.


Mucho antes que todo eso empezara, surgió el Johrei, transmitido y enseñado desde la tercera década del siglo pasado, por el Maestro Mokichi Okada, llamado respetuosamente por sus seguidores “Meishu-sama”, Señor de la Luz.

¿Qué es el Johrei?
Johrei es una palabra creada por Meishu-sama, es la unión de dos ideogramas de la lengua japonesa, JOH que significa “purificar” y REI, “espíritu”. Así denominó al método de canalizar con las manos la intangible, infinita y poderosa energía que, por su origen y beneficios, es considerada la Luz divina.

La felicidad o infelicidad depende del nivel espiritual de cada uno. Cuanto más impurezas espirituales y físicas acumula el hombre, más pesado se vuelve el espíritu, cayendo a los niveles inferiores del mundo espiritual, donde la luz es escasa. El Johrei purifica las impurezas del hombre y posibilita que se eleve espiritualmente hacia niveles donde la Luz es intensa. La Luz es la fuente de la salud, sabiduría y de felicidad.

Así nos explica Meishu-sama: “el acto purificador del Johrei proyecta la Luz espiritual directamente al alma, despertándola al instante. Los que practican, alcanzan rápidamente una percepción superficial y, seguidamente una percepción más profunda. Además de superar sus propias tragedias, se vuelven aptos también para eliminar las tragedias ajenas.”


¿Cómo actúa?

Las invisibles pero poderosas ondas de Luz que se irradian durante el Johrei, eliminan las impurezas y máculas impregnadas en todos los planos del ser humano (físico, mental, emocional, sentimental y espiritual), revitalizando su capacidad natural de recuperación, también llamada fuerza curativa natural.

¿Por qué el Johrei es diferente?

Casi todas las prácticas energéticas que buscan restaurar la fuerza curativa natural del ser humano utilizan la energía que emana del propio practicante, lo que restringe su acción debido al límite de la condición humana. Sin embargo, como el Johrei no utiliza la fuerza humana, y sí la energía vital del universo, potenciada por Meishu-sama, puede practicarse indefinidamente y, lo que es mejor, cuanto más se practica, más energía se recibe.

¿Cómo se transmite el Johrei?

Una sesión de Johrei dura generalmente quince minutos. Dependiendo de la necesidad, el tiempo de duración puede prolongarse. A la persona que transmite la energía se le llama transmisor, y la distancia entre él y la persona que recibe es de treinta centímetros a un metro. Inicialmente, el Johrei es transmitido sentados cara a cara, en la parte frontal del receptor y luego en la espalda.

¿Quién puede transmitir Johrei?

Todos los que hayan experimentado el Johrei hasta ver un resultado podrán realizar, posteriormente, un curso para recibir el Sagrado Punto Focal – Ohikari, y así transmitir Johrei a cualquier persona, en cualquier momento y lugar.

Beneficios del Johrei:

  • Despierta al hombre hacia la existencia del Creador
  • Lo fortalece para que pueda sobrepasar los desafíos de la vida
  • Lo vuelve saludable física y espiritualmente
  • Lo vuelve más sereno y pacífico
  • Fortalece su voluntad
  • Eleva su inteligencia y su personalidad
  • Expande su aura, protegiéndolo de los infortunios
  • Le posibilita percibir mejor la abundancia y las oportunidades, propiciando su prosperidad
  • Fortalece el sentimiento de gratitud y altruismo
Yo ya recibo y aprendo Johrei. Te lo recomiendo.

Las enseñanzas del Maestro en Johrei van unidas a otras dos artes que se deben cultivar y que también hemos de aprender: agricultura natural y el ikebana sanguetsu (arte con flores). ¡Lindo!





05 abril 2011

SEXO ENDEMONIADO

Incubos y súcubos:
Los demonios del sexo

Esas criaturas infernales que atacan a hombres y mujeres durante la noche para pervertirlos, robar su energía sexual y matarlos a polvos. Cuidado, mucho cuidado. Me da igual si lo crees o no, ¡existen!

De entre los muchos demonios que atacan sexualmente a los hombres y mujeres, tal vez los más fascinantes sean los íncubos y los súcubos, unas terribles criaturas que pululan por el mundo desde el Medievo, y pueden envenenar tu mente, extraerte la energía sexual y espiritual, endemoniarte, volverte loco de terror y placer. Y, si no pones remedio, incluso acabar con tu vida para mandarte directamente al infierno, sin contemplaciones ni ordalías.

Etimología

La palabra "SUCUBO" proviene de una alteración de "succuba" procedente del latín que significa "prostituta". La propia palabra deriva del prefijo "sub-" que significa "debajo de, debajo", y del verbo "cubo" significa "yo quedo". Por lo que, súcubo, es alguien que queda bajo otra persona. Considerando que un incubus (latin "in-", la posición en este caso es "en la cima"), por lo que, es alguien que queda encima de otra persona.

La leyenda/realidad de los súcubos es una explicación del fenómeno de las poluciones nocturnas y la parálisis del sueño.

El término INCUBO significa: "me acuesto sobre ti" , Íncubo (del latín incubare, ‘yacer’, ‘acostarse’).
Sinonimia del Incubo

Se le conoce por diferentes nombres alrededor del mundo de acuerdo al folclore popular regional:

En la isla de Zanzíbar (Tanzania) es conocido como Popo bawa, como un espíritu que ataca a los hombres cuando duermen.

En la provincia chilena de Chiloé es conocido también como el Trauco, representado como un enano que seduce a las jóvenes en pubertad, algunas veces el trauco es usado para explicar embarazos no deseados o súbitos, especialmente en las mujeres no casadas.

En Hungría es llamado Liderc y puede ser un amante satánico que vuela por las noches, y parece como una luz arrolladora o como un pájaro de fuego.

Es conocida como Mara en el folclore escandinavo, se suele representar con la figura de una mujer maligna y rencorosa, responsable de las pesadillas entre las personas.

En Paraguay es conocido como Kurupí, un ser mitológico con un gigantesco falo que secuestra mujeres para violarlas.

En Guatemala es conocido como El Sombrerón, un ser de reducida estatura, galante, que viste de negro, utiliza minúsculas botas y un enorme sombrero (de ahí su nombre), seduce a las mujeres jóvenes, enamorándolas con bellas canciones.


INCUBO

Descripción: Se trata de un demonio con forma masculina que ataca a las mujeres por la noche, en la cama, casi siempre mientras duermen. La apariencia del íncubo no es necesariamente atractiva, ya que no busca la seducción sino despertar en su víctima los instintos sexuales más bajos y primordiales.

Dependiendo el país, el íncubo se representa unas veces como un enano barrigudo, otras como un señor alto, delgado y peludo, otras como un joven apuesto y bien vestido y otras incluso como un pájaro de fuego. En todos los casos, siempre está dotado de un miembro descomunal.

Nombres: Atienden a nombres como Zabulón, Leviatán, Belaam o Alpiel Efelios y, aunque hay varias teorías al respecto, se supone que, tanto ellos como los súcubos, descienden de los Nefelines, ángeles caídos en desgracia que engendraron una raza degenerada.

Modus operandi: El íncubo se cuela en la mente femenina y siembra la lujuria, provocándole sueños húmedos, pensamientos de lubricidad desviada o exagerada, para pervertirla antes de atacar. Tras varias noches de precalentamiento, el íncubo se materializa y copula con la mujer en unos coitos tan salvajes y placenteros que la humana se derrite en mil orgasmos, a veces entrecortados por momentos de lucidez que deriva en auténtico horror.

A la mañana siguiente, la interfecta no recuerda casi nada, sólo que ha tenido un sueño húmedo, brutal y extraño y que, a juzgar por la cantidad de semen y sangre que hay en sus orificios, no ha sido una experiencia del todo irreal. Además, la víctima siente debilidad y abatimiento, ya que el íncubo ha empezado a extraer su energía erótica a través del coito.

Víctimas: Los íncubos atacan a todo tipo de hembras, sin importarles su edad, apariencia física o estado civil: lo mismo les da que sea guapa o fea, alta o baja, viuda, soltera o casada, embarazada o infértil, enferma o sana, ninfómana o anorgásmica: el caso es que sea mujer y que tenga una mínima energía sexual para alimentarse de ella, robándosela noche tras noche, de manera que el demonio se va haciendo cada vez más fuerte mientras su víctima (que, enganchada al placer, es capaz de dejar a su marido y todo para consagrarse al demonio) se debilita progresivamente, llegando en ocasiones a sufrir ataques al corazón, o una muerte violenta ocasionada por el intenso placer sexual que su cuerpo, ya consumido, no soporta.

Consecuencias: En caso de que la víctima se quede embarazada, puede dar a luz a bebés muertos o a retrasados mentales, pero también a abortos con apariencia medio humana-medio animal, criaturas deformes, perversas y con especial inclinación por el mal. En España son conocidas de siempre “las morlas”. Pregúntale a alguna abuela sobre la oleada de morlas a mediados de los 1.940 y 1.950 en España. Se dice que el mismísimo Anticristo podría ser engendrado por un demonio lúbrico, si bien hay teorías que sostienen que de estos polvos aberrantes pueden salir seres con increíbles poderes mágicos: no en vano, hay expertos que juran que el mago Merlín era hijo de un íncubo y una prostituta.


SÚCUBO

Descripción: Es un demonio con forma femenina que ataca a los hombres durante la noche para robarles su semen. A diferencia del íncubo, el súcubo sí adopta una forma atractiva, pues sabe que los hombres se excitan por la vista y caen más fácilmente a los pies de una chica sexy.

Según la zona geográfica, la leyenda varía y, aunque siempre se trata de mujeres hermosas, cambian algunas de sus características y su forma de hacer el mal: algunas mitologías hablan de demonios masculinos que toman la forma de mujeres muertas para consumir al hombre; otras, de beldades que viajan montadas en burro y poseen vaginas dentadas con las que castrar al hombre que las penetre; otras, de mujeres aladas que, cual mantis religiosas, se comen al hombre vivo durante el acto sexual.

También hay cuadros que pintan a los súcubos como seres híbridos, mujeres humanas mezcladas con bestias, que lucen cornamentas, colmillos, cascos de caballo, alas de Cthulhu y otros complementos de pesadilla que acentúan su rara belleza.

Nombres: Los súcubos responden a nombrecitos tan exóticos como Ábrahel, Lilit, Rusalka, Florina Vasordiel o Lutzi.

Modus operandi: Es similar al del íncubo, aunque cuenta con la ventaja de que el hombre tiene menos barreras, piensa más con el pene y es más fácil de seducir; por lo que, casi siempre, no hace falta precalentarlo y se le ataca directamente bajo una forma atractiva, llena de curvas y redondeces.

Tras una noche de muchas erecciones y eyaculaciones, mezcladas con punzadas de miedo y vértigo, vendrá la bajamar: una mañana de debilidad, cansancio y recuerdos borrosos y morbosos pero inquietantes.

Como dice el profesor Manuel Carballa en su aterrador libro El síndrome del Maligno, “a no ser por los restos de semen o sangre encontrados entre las sábanas, la víctima sólo recordará la experiencia como un sueño”. Esto al principio, luego la cosa se convertirá en obsesión y, muchas veces, aún consciente de estar bajo el influjo de un súcubo, el hombre no podrá evitar derramar su energía seminal cada noche, dejando trabajo, mujeres, hijos y amantes para entregarse en cuerpo y alma a su demonio nocturno... hasta la muerte.

Víctimas: Los súcubos atacan a todo tipo de hombres, aunque tienen preferencia por los más espirituales, sobre todo artistas y religiosos. No hay más que echar un vistazo a la clásica novela gótica “El Monje”, escrita por Matthew Gregory Lewis en 1796, en la que un sacerdote acaba en el infierno por culpa de un demonio camuflado bajo la forma de una bella mujer.

Consecuencias: Según el Malleus maleficarum o Martillo de las Brujas (la guía para la caza de brujas más importante del Renacimiento) los súcubos no derraman el semen de sus víctimas, sino que lo recolectan y después lo usan para embarazar mujeres y crear monstruos. En otros textos de la época se especifica que los súcubos, al recibir el semen en su interior, desarrollan un pene y se transforman en íncubos para más tarde reinyectar ese mismo semen en víctimas femeninas.


Diferentes teorías acerca de los demonios lúbricos

Aunque la tradición judeocristiana y la de otras culturas monoteístas ha considerado a los íncubos y a los súcubos como seres malignos, proyecciones monstruosas de la lujuria de los durmientes, metáforas tremendistas de las fantasías que causan las poluciones nocturnas o la parálisis del sueño, las teorías modernas los han descartado, calificándolos de supercherías o (en el caso de Jung) relacionándolos de forma directa con el arquetipo del “ánima”.

Por otro lado, existen teorías profanas que ven a los demonios lúbricos como seres que se pueden dominar y utilizar para alcanzar altas formas de placer sexual y estados alterados de conciencia. William Burroughs es uno de los pocos escritores modernos que trató y redefinió el tema en sus libros, artículos y entrevistas. En su novela El lugar de los caminos muertos (1984), un personaje de Burroughs habla de los espíritus-zorro japoneses, demonios capaces de adoptar cualquier forma (hombre, mujer o niño) para seducir a sus víctimas y, en una conversación con Víctor Bockris el propio escritor dijo lo siguiente: “Los íncubos y súcubos pueden ser dañinos y destructivos. Como con cualquier situación sexual, el peligro depende de cómo la manipules. Todo sexo es potencialmente peligroso, porque nuestros sentimientos sexuales nos hacen vulnerables. ¿Cuánta gente ha sido arruinada por un amante? El sexo conlleva un punto de invasión y los súcubos y los íncubos simplemente nos hacen intensamente conscientes de esto/…/ El sexo es físico. Si fuera posible para cualquier persona pulsar un botón que hiciera aparecer a un íncubo o a un súcubo, creo que la mayoría de la gente preferiría tener relaciones sexuales con uno de estos demonios a las aburridas cópulas con gente real”.

La invocación de íncubos y súcubos

Botones para llamar íncubos y súcubos, de momento, no hay, pero en la escuela tántrica Kaula existen complicados ritos para invocar a este tipo de demonios sexuales. También en el universo de la magia hay ritos para atraer íncubos y súcubos, por ejemplo a través de la gnosis liminal (un estado intermedio entre el sueño y la razón en el que se puede controlar la acción onírica y hacer viajes astrales), las prácticas chamánicas (en ciertas tribus africanas hay brujos capaces de invocar demonios lúbricos dentro de un espejo para luego exterminarlos) o la evocación erótica (acumular energía e imaginación sexual mediante pornografía, masturbación sin orgasmo y otras técnicas, para concentrarse en la creación mental de una forma-sombra con la que hacer el amor).

Además, hay expertos espiritistas que, como Burroughs, han hablado del uso y dominio de íncubos y súcubos, es decir, agarrar al diablo por los cuernos para usarlo en provecho propio, ya sea para la autoexploración, para el placer o para encomendarle acciones determinadas, bien en el plano psíquico (adivinación, resolución de misterios, etc.), bien en el físico (asignándole tareas determinadas).

Sin embargo, todas estas prácticas son poco recomendables para individuos no curtidos en mil batallas mágicas y espirituales. Invocar y jugar con un súcubo o un íncubo puede ser muy perjudicial para la salud y la cordura, no sólo porque los coitos con la entidad chupen mucha energía (porque el ente la absorbe y también porque trabajar en ciertos estados de conciencia resulta agotador) sino porque el gran placer sexual alcanzado lleve al invocador a generar una dependencia que lo "enganche" a las cópulas con el demonio, arrastrándolo así a la ruina física y mental.

Cómo deshacerse de un diablo erótico

Resulta extremadamente difícil quitarse de encima (o de debajo) a un demonio lúbrico, en primer lugar porque es necesaria una gran fuerza de voluntad: a nadie le amarga un dulce y los orgasmos que se alcanzan en las cópulas con estos seres son sobrenaturales, así que el primer paso es tener determinación y decidir librarse del demonio a toda costa, haciendo oídos sordos a sus cantos de sirena y rechazando sus ofertas sexuales. Luego hay que tender una trampa ritual para espíritus y encerrarlo en una botella, un cristal o un triángulo, lo cual requiere unos conocimientos de magia bastante avanzados.

También es posible deshacerse de estos demonios usando la gnosis liminal para reabsorber en el propio cuerpo las cualidades y el nombre de la entidad, eliminando toda asociación erótica, aunque sea a base de duchas frías o hielo en los genitales. Aunque suene rara, no es una técnica tan diferente a la que se suele usar para exorcizar amantes de carne y hueso.

Así pues, cuidadito con el sexo, real y de fantasía, masturbado, solo y en pareja y grupo, de día y de noche, hetero, homosexual y bisexual.

¡Advertidos estáis!


DESGRACIADO DE AQUEL QUE MUERE...
SIN CONOCER EL MOTIVO DE SU EXISTENCIA.

04 abril 2011

Enseñanzas de la Madre Naturaleza


¿QUÉ NOS PUEDE ENSEÑAR?

A experimentar la unidad en la multiplicidad y la multiplicidad en la unidad

Que todo está interrelacionado y ninguna cosa puede existir por sí sola

Que el ser humano forma parte de la naturaleza, y ella de él

Que el daño que le causamos nos lo hacemos a nosotros mismos

Que si vibramos emocionalmente con la naturaleza, es porque quizá compartamos la misma esencia

Que, en el fondo, nada es patrimonio exclusivo de nadie y que en la naturaleza no existen guerras ni fronteras, las cuales las hacen los hombres

Que cualquier elemento de la naturaleza es infinitamente más complejo, que el más complejo de los inventos humanos

Que en la naturaleza todo tiene lugar espontánea-naturalmente

Que todo lo que ocurre tiene un sentido y nada sucede sinsentido, que el mundo es un "Cosmos" y no un "Caos"

Que el mundo de las apariencias es "polar", que ningún atributo existe sin su contrario

Que vida y muerte son dos caras de la misma moneda

A ser más conscientes, a escuchar y mirar, más allá del oir y el ver

A ponernos en "el aquí y el ahora", a situarnos en la realidad

A descubrir y vivir lo genuino, lo espontáneo, lo auténtico, lo esencial

A saber disfrutar de los placeres simples y "gratuitos"

A saber estar, el valor del silencio, y el de la compañía

A aceptar las cosas como son, a asumir lo incontrolable, lo imposesible, lo incambiable

A amar sin condiciones lo que nos rodea, a respetar, a ser flexibles y adaptables

A, desprovistos de artificios y máscaras, ser más conscientes de las "luces" y "sombras" de nuestro psiquismo

A sentirnos a la vez ¡tan pequeños! y ¡tan grandes!, a ser más conscientes de nuestras limitaciones y nuestras capacidades

A ser más humildes y menos vanidosos y prepotentes

A vivenciar la energía vital y sus diversas manifestaciones, fluyendo constantemente

A superar nuestra vivencia de "estar sólos" en el mundo

A confiar en la vida, y en la persona, vida consciente de sí misma

Sobre todo, a encontrar en la naturaleza nuestra propia Naturaleza.

31 marzo 2011


ALEX  GREY





COSMIC  CRIST

 
GAIA

 
OVERSOUL



LOVERS


BIRTH

 

MAN



DYING





29 marzo 2011

29M96. Egal was passiert!


Du weiss was Ich schreibe.
Du kannst Mich jetzt verstehen.
Das geht über Die Hutschnur.
Ich schreibe was Ich spüre.
Ich spüre einen tiefen Kummer.
Ich fühle es mit Leib und Seele.
Bis nachher!

25 marzo 2011

EL SUICIDIO DE UN SER QUERIDO

VIVIR EN LA PERDIDA

¡Yo he vivido dos y media! Y es la primera vez en mi vida que hablo por escrito de ello y por ellos. Hace tiempo que quería hacerlo… y empecé el borrador hace un mes. Al final se ha convertido en este largo artículo… más, que la vida de algunas personas. Si quieres lo lees.

La mayoría de los suicidios tienen lugar durante una crisis depresiva. El suicida siente un dolor emocional que se le hace insoportable, se siente desesperado, piensa que nada cambiará en el futuro, que no puede contar con nadie que le dé su apoyo y no ve más salida a su sufrimiento que la muerte. Sin embargo, estas personas no quieren dejar de vivir; lo que verdaderamente quieren es dejar de sufrir, pero su estado mental depresivo les impide pensar en otras soluciones, estando su pensamiento centrado en los aspectos negativos de su vida, sin ser capaces de tener en cuenta los positivos. Esta memoria selectiva es un síntoma de la depresión, no de quienes son ellos.

El suicidio no se elige; sucede cuando el dolor es mayor que los recursos para afrontarlo. A lo largo de nuestra vida aprendemos diversas formas de solucionar los problemas. Algunas personas tienen más recursos de afrontamiento que otras.


La muerte por suicidio deja tras de sí muchas preguntas: ¿por qué lo hizo? ¿Podíamos haberlo evitado? ... Por más que lo intentas, no consigues entender las razones que le llevaron a quitarse la vida. Procura no atormentarte demasiado buscando el porqué, y con el tiempo algunas respuestas irán saliendo a la luz.

Es frecuente también un sentimiento de vergüenza, que lleva a no querer hablar de las circunstancias de la muerte. Algunas personas necesitan mucho tiempo solamente para pronunciar la palabra suicidio. Seguramente te invade también un sentimiento de culpabilidad. Te puedes sentir mal por algo que dijiste o hiciste. La sensación de culpa es algo perfectamente normal después de una muerte de estas características. Uno se reprocha el no haberse dado cuenta de lo mal que estaba... y suele quedar una fuerte sensación de no haber sabido cuidarle. Piensa que con el tiempo, pasarás simplemente a lamentar algunas cosas del pasado, y que llegará el día, en que sólo quede un sentimiento de impotencia ante la muerte.

Después del suicidio de un ser querido, puede ser natural sentir mucha rabia y enfado hacia la persona que te abandonó (¡Cómo has podido hacerme esto!), hacia Dios que no hizo nada por impedirlo, y hacia todos los que han podido contribuir directa o indirectamente en la realización de esta acción desesperada. La rabia es un sentimiento pasajero, y como tal, irá disminuyendo. Mientras tanto, busca formas positivas de canalizar tu cólera, sin autocastigarte y sin herir inútilmente a otras personas.

Si tu ser querido era una persona depresiva o había realizado varios intentos de suicidio es muy natural que se den a un mismo tiempo sentimientos aparentemente contradictorios: por un lado una gran tristeza por su pérdida, pero también un gran alivio porque todo ha terminado; ya no habrá que preocuparse más porque lo peor, lo más temido ya ha pasado. Convivir durante años con una persona que sufre así es muy doloroso para todos.

Recuerda que no pudiste elegir por él o por ella, y que la decisión del suicidio fue enteramente suya. Acepta también que a pesar de lo que hayas podido decirle, tus palabras no han tenido nada que ver con su decisión.

A medida que la tormenta de emociones vaya calmándose, surgirá poco a poco la aceptación. Date tiempo para llegar allí, un duelo por suicidio necesita más tiempo para sanar. Se paciente contigo mismo y verás el día que aceptes su elección.

El sufrimiento puede enseñar a dar un nuevo sentido a la vida, a cambiar tus valores y tus prioridades. Quizás ahora te parezca imposible, pero irás encontrándote mejor, serás capaz de perdonar, y llegara un día en que podrás decir que la vida continua y que te sientes feliz por estar vivo.

En duelo después de un suicidio.

Como seres humanos nos cuesta aceptar que somos mortales, y cada vez que la muerte nos golpea, parece como si fuera la primera vez.

Cada duelo es único. No hay jerarquías en el mundo del dolor. Cada uno vive su duelo a su manera.

El proceso dependerá de las relaciones afectivas previas con el difunto, de las circunstancias de la muerte y de la forma de ser del que se queda. Dependiendo de cada caso, el “trabajo de duelo” que es necesario realizar será más o menos difícil, más o menos largo.


Cuando se trata de un suicidio, se ponen en juego determinadas circunstancias que pueden llevar a la persona en duelo hacia dificultades particulares. La muerte parece que ha hecho trampa: se ha llevado a alguien a quien todavía no le había llegado la hora. Se trata de una muerte para la cual uno generalmente no se ha podido preparar, y en la que el propio fallecido es el autor. El suicidio se vive como una trasgresión de las leyes naturales, una trasgresión estigmatizada desde antiguo por la sociedad, las leyes y las religiones.

La persona en duelo se va a ver inmersa en una situación especialmente agotadora. Agotadora porque no comprende, porque duda incluso que haya podido ser así, porque se rebela contra Dios o contra el destino, contra el hecho mismo del suicidio. Agotadora porque se siente culpable “si lo hubiera sabido, si me hubiera dando cuenta, si…si…si…”. Se puede sentir también asediada en cualquier momento por las imágenes traumáticas de la muerte. Quizás no encuentre tampoco en su entorno la ayuda que hubiera recibido de tratarse de una muerte por accidente o enfermedad.

El suicidio de un ser querido provoca un estado de shock emocional, especialmente si no existía ningún indicio de que pudiera ocurrir. Este estado puede durar horas, días, incluso más tiempo.

Todos dicen: “Es como si me hubiera caído el mundo encima, como si el mundo se hubiera parado. Me siento como anestesiado, como si esto no me estuviera pasando a mí”. No es posible por el momento asimilar todo el dolor, toda la carga de emociones.

Esta muerte tan repentina, tan dramática, tan violenta sumerge durante un tiempo en un estado de intensa perturbación a todas las personas cercanas al fallecido.

El suicidio es vivido como un autentico seísmo. Pero pasado esos primeros momentos, estas reacciones perfectamente naturales y compresibles, darán paso al trabajo de duelo, un tiempo largo y doloroso, pero también necesario.

¿Tenía derecho a suicidarse?

Es imposible la respuesta a esa pregunta… por lo menos, mientras estemos con vida.

Nadie comprende lo que ha pasado. Todo suicidio tiene su parte de misterio. Para comprender a la persona que se ha suicidado tendríamos que ser ella. Y ni siquiera en ese caso, ya que ni ella misma sería seguramente consciente de la causa profunda, incluso secreta de su sufrimiento.

Todo lo que podemos decir es que se ha suicidado porque estaba en un estado de sufrimiento tal que la vida se había vuelto intolerable.

Para poner fin al sufrimiento, para que éste cesara, no encontró otra solución que quitarse la vida.
Querer comprender más allá, solo sirve para torturarse, es hacerse preguntas que corren el riesgo de no encontrar jamás una respuesta. La crisis suicida puede tener varios significados; obedece a varias causas, es evolutiva y se vive en lo más íntimo de la persona.

Admitir que la persona que se ha suicidado se ha llevado con ella su parte del misterio, y que más que juzgarla, se trata de esforzarse en aceptar que no podremos nunca comprenderlo todo.

Poder mantener hacia ella nuestro aprecio y nuestro amor es superar ya una etapa, y es una señal de que el duelo evoluciona adecuadamente. De lo contrario, se tendrán infinitos deseos de reunirnos con él, en caso de suicidio esto es particularmente cierto.

La persona en duelo está en un estado de gran sufrimiento. El que ha muerto nos ha indicado con su conducta que existe una “puerta de salida” a la angustia. Nos ha mostrado de alguna manera un ejemplo, al que podemos estar tentados seguir.

Aguijón de escorpión.

Es frecuente encontrar en uno mismo semejanzas con la persona fallecida; tenemos tendencia a identificarnos con ella: “nos parecemos tanto”. Hemos podido estar tan unidos a esa persona, que pensamos que no podremos vivir sin ella. Estos sentimientos suelen ser un terreno abonado para que crezcan en nosotros ideas suicidas.

Estos deseos no tienen nada de excepcional. No tienen que asustarnos.

Suele ser habitualmente una fase temporal dentro del camino del duelo que irá cediendo poco a poco con el paso del tiempo.

Después de un suicidio no nos identificamos solamente con aspectos negativos de la persona fallecida, podemos también hacer nuestros ciertos rasgos físicos y/o cualidades morales del que ya no está. Es una de tantas maneras de conservar los recuerdos y prolongar la historia de la familia.

No puedo creerlo. “¡No, no es verdad, no, no es posible!”. La primera actitud ante la muerte es el rechazo. Esta es una reacción universal y normal.

¿Podemos aceptar el suicidio? ¿Cómo no vamos a rechazarlo con todas nuestras fuerzas? Hasta muchos años después, en determinados momentos, nos puede resultar todavía difícil de creer: “¿no habrá sido solamente una pesadilla?”.

Pero por otro lado, es imposible negar la terrible realidad. En algunas personas, el rechazo de la realidad del suicidio no cede con el tiempo, se agrava y puede llegar a convertirse en un estado de negación permanente. El trabajo de duelo se bloquea y puede aparecer una depresión prolongada y otras complicaciones. El rechazo y la negación hay que respetarlos entendiéndolos como signos de un gran sufrimiento. Normalmente van cediendo con el paso del tiempo.

Siento mucha rabia. El suicidio provoca rabia. Es normal sentirse enfadado, enfadado con el destino “es injusto morir así”, enfado hacia todos aquellos que consideramos de alguna manera responsables, enfado hacia la sociedad, a veces hacia Dios “¿cómo ha podido permitir semejante tragedia?”.


La rabia y el enfado pueden dirigirse también hacia el propio fallecido. El suicidio puede vivirse como una traición, como una falta de amor, como una falta de responsabilidad, como una debilidad: “Cómo ha podido hacer esto”.

La rabia es una reacción habitual en el duelo después de un suicidio. Si no nos permitimos vivir hasta el final este sentimiento cuando aparece, corremos el riesgo de que surja de nuevo más adelante complicando el duelo.

La rabia suele aparecer mezclada con otros sentimientos como la pena, el amor, el apego. Por eso la persona en duelo suele buscar la manera de reprimirla, de taparla, al considerarla “inadecuada”, cuando en realidad es una emoción normal y en absoluto reprochable.

Cualquier duelo importante y especialmente después de un suicidio, puede menoscabar nuestra confianza en la vida y en el futuro: ¡ahora puede pasar cualquier cosa!. Con cada dificultad que aparece, la persona en duelo suele tender a esperar lo peor. Con el paso del tiempo este miedo a vivir se va atenuando.

Siento vergüenza. Aunque casi todas las religiones reprueban el hecho del suicidio, ya no condenan como antes a la persona que se suicida. En otro tiempo, quitarse la vida era considerado una trasgresión de las leyes sociales y religiosas. Desde los orígenes de la humanidad el suicidio ha sido considerado como una mala muerte, creándose distintos rituales de purificación para el grupo social. En la Iglesia Católica, los funerales para personas que se habían suicidado están admitidos desde 1963.

Todo esto muestra que existe un halo de vergüenza que rodea al hecho del suicidio. Esto puede contribuir a que la familia, en un entorno muy conmocionado por esta muerte, no encuentre todo el apoyo que hubiera podido necesitar. Es más, hoy todavía se oculta ante el resto de los familiares, amigos y sociedad en general.

“Me siento culpable de no haberme dado cuenta, de no haber sido capaz de percibir alguna señal de alarma, de no haber estado presente en el momento oportuno…” Los sentimientos de culpabilidad suelen ocupar una gran parte de las vivencias de cualquier persona en duelo. Son más intensas cuando se trata de una muerte por suicidio, y todavía más intensas si cabe cuando se trata de una persona joven.

Es frecuente dejar de lado todos los buenos recuerdos, así como todo lo que hemos hecho de bueno y positivo por esa persona. Es perfectamente natural, que no se nos pase por la cabeza la posibilidad del suicidio cuando una persona cercana está pasando por un mal momento, y menos todavía si no lo menciona para nada.

Solo a posteriori podremos encontrar sentido o explicación a palabras y comportamientos de la persona fallecida, que de ninguna manera hubieran podido ser interpretados de la misma manera en aquel momento.

Ha dejado de sufrir. A menudo el suicidio ocurre después de un tiempo, a veces muy largo y agotador, de dificultades de todo tipo, tanto para la persona que se suicida como para su familia y allegados. Otras veces el suicidio ocurre de manera brutal e imprevista, haciendo el duelo especialmente difícil.
El suicidio de una persona depresiva, a menudo después de varias tentativas más o menos graves, es una experiencia muy dolorosa y desgarradora, pero que suele acompañarse también de un sentimiento de al menos ahora ya no sufre más, que ya ha descansado.

Todos los que han vivido y sufrido con él y por él tanto dolor, experimentan también un sentimiento de alivio con la muerte. Es un sentimiento generalmente difícil de aceptar en su propio corazón, y especialmente difícil de expresar delante de otros. Este sentimiento de alivio puede aumentar también la culpabilidad.

Es normal sentir alivio después de cualquier experiencia difícil. Eso no significa un menosprecio a la persona fallecida, simplemente deja constancia de que lo vivido ha sido especialmente duro.

¿Cuánto sufre? ¿Qué se dice?
“Este sufrimiento es tan intenso, tan profundo. Sufre mi cuerpo, mi corazón, mi alma, todo mi ser sufre. Es natural que me duela, le quería tanto”.

“Me siento vacío, agotado, todo se me hace un mundo; cualquier cosa me exige un esfuerzo para en que no tengo fuerzas. No tengo apetito, no consigo dormir bien…”

Este dolor tan intenso, aunque es normal, resulta muy duro de llevar en el día a día.

Este cansancio y esta sensación de agotamiento se suman al propio sufrimiento por el dolor de la pérdida y constituyen lo que se llaman síntomas depresivos del duelo. En todo duelo importante hay que atravesar por esta fase depresiva. Esta suele ser más intensa y prolongada después de una muerte por suicidio.

“Físicamente me encuentro cada día peor y no encuentro sentido a mi vida”. En esta situación no es raro descuidar la propia salud, enfermarse con más facilidad, incluso tener ideas negras.

Guardarse todo para uno no es la mejor solución en estos momentos. Desahógate, llora, grita … Deja que las emocionen salgan, no las pares, que digan lo que tiene que decir, déjalas salir hasta que te vaya pudiendo el cansancio, descansa entonces.

Al luchar contra el sufrimiento solo consigues aumentarlo y prolongarlo. Es mejor no resistirse al dolor, abandonarse a él.
Nadie puede comprenderme.

Después del suicidio de un ser querido un doloroso sentimiento de soledad se puede ir apoderando poco a poco de nosotros. Los más cercanos tienen tendencia a replegarse sobre ellos mismos y a vivir la enorme pena que sienten en familia, desligándose sin darse cuenta de la vida social que llevaban hasta entonces.

Otros familiares, los amigos, los vecinos no saben muy bien qué hacer, qué decir.

Sin embargo suele ser reconfortante encontrar personas que te demuestran su preocupación y su deseo de ayudarte sin ni siquiera habérselo pedido. Hasta parece que esas ocasiones todo sea más fácil. La mayoría de las veces las personas quieren ayudar pero no saben cómo. No se atreven, tienen miedo de herirte, y terminan muchas veces por no hacer ni decir nada.

El suicidio es una forma de violencia.

El suicidio es una violencia extrema, ya que incluye a sujeto pasivo y activo. La persona que se suicida ejerce sobre sí misma una violencia que destruye su cuerpo, maltratando su imagen, su identidad. Inconscientemente ejerce también violencia en las personas que ama, infringiéndoles una herida profunda e imborrable. ¿Y al alma, que daño le hace?.

Tenemos que vivir con esta violencia que parece se haya quedado grabada en nosotros. Si hemos encontrado el cuerpo, y especialmente si este estaba lesionado o desfigurado, nos pueden asaltar imágenes traumáticas. Estas imágenes pueden aparecer también aunque solamente nos hayan relatado lo sucedido.

Estas imágenes, que pueden aparecer igualmente en los sueños, constituyen a veces un obstáculo en la evolución del duelo. Cada vez que pensamos en la persona que se ha suicidado estas imágenes irrumpen en nuestro pensamiento y en nuestro corazón. Solamente con el paso del tiempo, y si hemos podido hablar de ello, otros pensamientos y recuerdos más felices irán sustituyendo a éstos.

Es necesario llegar a poner palabras a estas imágenes traumáticas y si es posible expresarlas a una persona de confianza para poder avanzar adecuadamente por el camino del duelo.

¿Para qué una investigación si todos sabemos que se ha suicidado?

En este tipo de muertes el juez suele ordenar una investigación. Esto podemos vivirlo como un dolor añadido. Yo lo viví durante cinco largos días…

Esta investigación permite saber con certeza las causas de la muerte, precisar las circunstancias que la rodearon y eliminar otras posibles hipótesis. En las semanas siguientes pueden surgir muchas preguntas, a veces incluso de manera obsesiva. Le damos vueltas a lo que pasó justo antes de la muerte y nos pueden asaltar las dudas. El resultado de la propia investigación suele disiparlas.

El cuerpo de su ser querido tiene que ser trasladado a un servicio de medicina forense para que se le realice un examen o una autopsia. El cualquiera de los dos casos se trata de un examen médico donde prima siempre el máximo respeto al cuerpo de la persona fallecida. Estos exámenes son también necesarios para confirmar las causas de la muerte y permiten asimismo apreciar la existencia de posibles enfermedades.

Hablar de ello, ¿te sirve? ¿con quien?
La actitud más natural sería hablar primero con la propia familia, con aquellos que sentimos más cercanos. A veces esto no es posible, bien porque existen tensiones o conflictos anteriores, o bien porque cada uno busca de alguna manera con su silencio proteger a los demás.

Podemos hablar entonces con un amigo de confianza, alguien que pensemos que pueda escucharnos con interés y delicadeza, sin juzgarnos ni a nosotros por lo que decimos y sentimos, ni tampoco a la persona fallecida.

Podemos también hablar con un profesional de confianza. El nos escuchará y podrá orientarnos, si es necesario, hacia algún especialista. También podemos hablar con un guía espiritual.

Por último, podemos hablar unidireccionalmente… por ejemplo, escribiendo este artículo.

¡Dedicado, sobre todo, a mi ángel de la guarda!
Por algo me elegiste.
Uff!

MADRE TERESA DE CALCUTA dice:


Siempre ten presente que la piel se arruga
el pelo se vuelve blanco
los días se convierten en años
pero lo importante no cambia
tu fuerza y tu convicción no tienen edad
tu espíritu es el plumero de cualquier telaraña

Detrás de cada línea de llegada
hay una de partida,
detrás de cada logro hay otro desafío

Mientras estes vivo
si extrañas lo que hacías
vuelve a hacerlo
no vivas de fotos amarillentas

Aunque todos esperen que abandones
tú nunca dejes que se oxide el hierro que hay en tí

Haz que en vez de lástima
te tengan respeto

Y por último,
cuando por los años no puedas correr
trota
cuando no puedas trotar
camina
cuando no puedas caminar
usa el bastón...
¡pero nunca te detengas!

Cuando todo vaya mal
se vea sombrío el porvenir
y no tengas las fuerzas para seguir
no eches tus quejas al viento
busca a quien pase por un peor momento

Una palabra de ánimo
una sonrisa y un gesto amable
te volverán la vida más agradable
al echar una mano a quien lo necesita


Solo vivimos una vez.
No hay tiempo de tener miedo.
Entonces basta.
Haz algo que nunca hiciste.
Atrévete.
Olvídate que te están mirando.
Intenta la jugada imposible.
Corre el riesgo.

No te preocupes por ser aceptado.
No te conformes con ser uno más.
Se tu mismo.

21 marzo 2011

AMOR ETERNO ATLANTE

14 marzo 2011

¿Qué son el ALMA y el ESPIRITU?

Magnífica definición de Fernando Malkún


“Nosotros tenemos alma y tenemos un espíritu diferenciado. El alma es el contenedor de la personalidad, de la mente, de nuestro sistema de creencias, de nuestra identidad, de nuestro cuerpo etérico (cuerpo de energía), nuestro cuerpo emocional, nuestro cuerpo mental y nuestro cuerpo físico. Todos son temporales y cambian en cada reencarnación. Nuestro espíritu es eterno: él es el que anima y observa con neutralidad las experiencias del alma. El alma, en el momento de la muerte, le entrega a nuestro espíritu las comprensiones que obtuvo en esta vida. Y esa es la manera como nuestro espíritu evoluciona. En el momento de la iluminación, nuestra alma se funde con nuestro espíritu”.