Buscar

Mostrando entradas con la etiqueta ENFERMEDAD. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ENFERMEDAD. Mostrar todas las entradas

10 junio 2011

NIÑOS HIPERACTIVOS Y NIÑOS INDIGO



Dicen que hay muchos niños hiperactivos, y enseguida la ciencia médica te lo explica (a la ligera).

Se sospecha que los colorantes azoicos están implicados en el desarrollo de alergias y de hiperactividad en jóvenes y niños. Desde julio de 2010, los productos que contengan este tipo de sustancias (dulces y bebidas azucaradas, normalmente destinados a estos dos grupos de consumidores), deben incluir la siguiente advertencia en su embalaje para poder ser comercializados en la Unión Europea: "Puede provocar efectos indeseables sobre la actividad y la atención en los niños". Para las asociaciones de consumidores, su prohibición estaría de sobra justificada, ya que estas sustancias sólo se utilizan para aumentar el atractivo de ciertos productos. En Suiza, dos de los supermercados más importantes del país se han propuesto eliminar de su oferta todo producto que contenga este tipo de sustancias a partir de 2012.

Un estudio llevado a cabo por el departamento de salud medioambiental y epidemiología de la facultad de salud pública de la universidad de Harvard, en Boston, relacionaba estos síndromes con la exposición de los niños a elevadas dosis de pesticidas. El estudio plantea la cuestión de si nuestro medioambiente sería el causante de la hiperactividad infantil, una enfermedad común en nuestro tiempo.
La primera descripción clínica de la hiperactividad se remonta a 1846 y la primera descripción detallada data de 1905. El TDA/H existe desde hace mucho tiempo, pero es muy probable que el actual contexto intensifique sus síntomas: la alimentación, el ritmo de vida a que están sometidos los niños y la gran oferta de actividades extraescolares desempeñan un importante papel en el desarrollo de estas perturbaciones. Aproximadamente entre un 7% y un 10% de los niños sufre este síndrome.

El término "hiperactividad" puede conducir a errores, ya que se puede estar ante un niño tranquilo y calmado que sufra problemas de atención. Debido a la complejidad de la enfermedad, es aconsejable que el diagnóstico sea realizado por un especialista en la materia.

En caso de que el diagnóstico resulte positivo, es importante que los padres conozcan las diversas alternativas a la medicación tales como la psicoterapia, la instrucción y el entrenamiento de los padres y del niño, el apoyo pedagógico e incluso entrenamientos informáticos para la atención y la memoria de trabajo.

En cuanto a la alimentación, es aconsejable evitar alimentos que contengan colorantes y azúcares. Si bien los colorantes, los pesticidas, los alimentos altos en azúcares y la presión a la que son sometidos los adolescentes no van a provocar la enfermedad por sí mismos, sí pueden desencadenarla o hacer que un caso bajo control se convierta en un caso grave.

Consejos:

Si se compran golosinas o bebidas azucaradas es importante prestar atención a la lista de ingredientes, al igual que en la compra de cualquier otro producto alimenticio. Los colorantes azoicos se presentan con los siguientes números: E102 (tartracina), E110 (amarillo crepúsculo, amarillo ocaso o amarillo n° 5), E122 (azorubina, carmosina), E124 (rojo cochinilla), E129 (rojo allura AC) y E104 (amarillo de quinolina). El amarillo de quinolina (E104) no es un colorante azoico, pero es igualmente sospechoso de provocar alergias e hiperactividad en los niños.

Y yo digo en voz alta, los niños hiperactivos son resultado de la hiperactividad impuesta por sus padres. Pero hay que distinguir entre niños hiperactivos, mal confundidos con los niños índigo de esta nueva era. Son los padres los que no entienden qué tipo de hijo tienen, porque no se detienen a entrar en sus padentros.

El índigo tiene aptitudes espirituales, le interesa el Yoga, el Reiki y otras cuestiones de imposición de manos. Mis dos hijos están inciados en Reiki desde temprana edad. Le interesan las terapias complementarias, la musicoterapia, la música nueva era, la musicosofía, e incluso le interesan los cristales: le encanta tener cristales, se deja poner cristales, se deja dar masajito.

Al hiperactivo necesitamos tenerlo dormido para darle masaje, porque se aburre, se cansa; y sin embargo reaccionan bien a la acupuntura, digito puntura, acupresión, y a las Flores de Bach y toda terapia floral.


El principio del doctor Bach fue siempre que las esencias, las plantas y las flores (las curativas, las de poder) del lugar de donde uno es y de donde uno vive, tienen el remedio -por eso se llaman “remedios florales-, de corregir el exceso o el defecto de la nota vibratoria que nos está perjudicando. Por lo tanto, ¿qué es un mal funcionamiento de los neurotransmisores, o una alteración del sistema nervioso central, cuya incidencia y manifestación en disfunción es un estado alterado, biológicamente hablando, del niño hiperactivo?. ¿Qué es?. Una disfunción energética. ¿Cómo se puede corregir?.

Con algo que aporte una vibración correctora, una vibración que corrija el exceso de actividad y la carencia de atención. Con terapias energéticas, que tienen resultados totalmente positivos, de cambiar y de positivizar el estado hiperactivo de un niño, poco a poco y paulatinamente, pero que da resultados, porque tenemos resultados.



Ahora bien, a la mayoría de médicos oficiales, incluso de psicólogos, la mayoría de psicólogos y psicólogas que no tiene ni idea de la terapia vibracional, les hablas de ello y te miran raro, porque no les interesa este tema, ni creen en ello… Y a pesar de que el doctor Bach, el padre de la medicina natural de terapia floral era un médico… Y ni aún así… Pero bueno, será poco a poco…

Los que van a cambiar los dos pilares obsoletos de la sociedad, que son el pilar docente y el pilar de la medicina son los índigo, cuando sean profesores y cuando sean médicos. De momento nos toca a nosotros, puentes índigo, padres, educadores, terapeutas índigo, somos el puente para que ellos consigan ese cambio de consciencia para relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con la vida de una manera creativa, con nuestro tiempo libre. Si no, como decía al principio: tiempo libre, calidad de vida y tecnología sin creatividad llevan a la destrucción. Y los índigos, recordemos, son totalmente creativos. Sólo se interesan y aprenden si sienten la pasión, la creatividad y esa motivación. Aprender de forma creativa.

Cualquier índigo se interesa por las terapias naturales, y reaccionan muy bien ante ellas, y el hiperactivo no tiene inquietudes espirituales, pero la gran mayoría de hiperactivos tiene la facultad índigo de poder ver seres de otra realidad, ángeles; sentir que su abuelita que murió hace cinco años les cuida, etc. Necesitan tranquilidad, por supuesto, tanto el índigo como el hiperactivo.



A nivel psicomotor, la psicomotricidad en el hiperactivo es problemática. No controla bien ni siquiera su propio cuerpo. Como que crece y no se ha enterado. Yo conozco hiperactivos que se tropiezan con sus propios pies. Cuando trabajaba con niños psicóticos y niños con problemas de déficit mental que les había afectado el aparto psicomotor, pues hacen eso: para salir por el quicio de una puerta, sólo que había que seguir en línea recta, y al final pues claro, se daban contra la pared, y había qué guiarles, etc.

O sea, que experiencia en lo que es un aparato psicomotor alterado, la tengo. Y de ahí el que observando a los niños hiperactivos, saque la conclusión (porque repito que todo esto es subjetivo, basado en mi experiencia) de que el niño hiperactivo no controla que su cuerpo crece, y como va creciendo se tropieza, va a sentarse y se cae al suelo, se da con el pico de la mesa, etc. O sea que a nivel psicomotriz el hiperactivo sí que tiene problemas.

En cambio el índigo, desde muy pequeñito, (sobre todo si mamá y papá le apoyan), controla el espacio fenomenalmente. Le encanta jugar debajo de las sillas, debajo de las mesas y controla muy bien el espacio. Al índigo le encanta crearse espacios. Le encanta hacerse cabañas. ¿Recuerdan ustedes que hacían eso de pequeños? ¿O preferían jugar con todo desparramado sin respetar los juguetes y rompiéndolos, o se hacían casitas?.... Los niños índigo hacen estas casas porque les gusta encontrarse en un ambiente como este… Sentir que su aura está protegida.




Ese es el motivo por el cual antiguamente en las cunas se nos ponía una tela, como en los cuentos de hadas: que cuando nacen el príncipe o la princesa duermen en una cuna con telas así; pues eso no tiene mayor secreto que el hecho de equilibrar nuestras auras. Porque cuando somos pequeños realizamos tantas actividades, nos manejan, nos jalan (el mundo de los mayores es así); pellizcos cariñosos, apretones, y los niños necesitamos equilibrar nuestros campos energéticos, y de ahí que el niño índigo, el niño que tiene su potencial de la parte derecha del cerebro expandido, o en vías activas de expansión, necesita reestructurarse, sentirse protegido; sentirse que se esconde debajo de una tela, una tienda, un “tipi” indio; debajo de la cama: lo necesita.

En cambio, el hiperactivo es todo lo contrario: si lo metes en un lugar no le ve la gracia a estar ahí debajo jugando, a menos que se quiera esconder momentáneamente, pero necesita agilidad. El hiperactivo necesita actividad; el índigo también, pero de otro tipo, y puede estar debajo de su casita de tela durante mucho tiempo.

Ante las situaciones nuevas, el hiperactivo se descontrola más todavía, se desborda, se sobreexcita; el índigo observa, disfruta, hace preguntas, aprende, se la pasa bien.



El índigo por muy pequeño que sea, no está extraño en el mundo de los adultos, no extraña. Los adultos son seres a veces más inmaduros que él, y a veces le inspiran compasión. Hace las preguntas directas, y sabe cuando tu falta de brillo en los ojos es por el corazón, por una necesidad o por una tortura que llevas aquí, lo sabe; no es un traductor ni un oráculo, pero es un ser sabio, y lo sabe. Y te hace las preguntas y te da las sugerencias desde su corazoncito infantil para hacer de catalizador. Es una maravilla, el índigo, en ese sentido.

Socialmente el índigo es respetuoso y amable, y el hiperactivo es un torbellino. Súper torbellino siempre. Le cuesta mirar a los ojos de quien le habla, y hay que estar dándole frases cortas. Yo a veces veo papás de hiperactivos que les dan grandes sermones, mítines, frases larguísimas interminables, y el niño ya iba tres galaxias diferentes de viaje y ha vuelto. No se está enterando de nada de lo que papá o mamá estaban hablando. El niño hiperactivo necesita frases cortas, repetitivas y premios y autoridad amorosa. Algo concreto y nunca ceder, porque el hiperactivo es muy dado a tirarse al suelo, a dar pataletas, a golpear y golpearse.


Repito: algún profesional podría diagnosticárnoslo como psicótico o autista, pero no lo es en absoluto. Está bastante desconectado de esta realidad (y con la terapia de energía se puede corregir esto), pero no es autista ni psicótico, es simplemente hiperactivo, y algunos de nosotros también lo fuimos, pero como no existían los psicólogos, repito, “si no hay psicólogos no hay traumas”; por lo tanto, cuando éramos pequeños como no había psicólogos, pues no nos traumábamos. Crecimos arrastrando maletas energéticas que unos las hemos debido transmutar, liberar, perdonar unos de una manera y otros de otras, y que en definitiva nos han servido para sí que estemos preparados, sí que sintamos que podemos ser padres tanto de un hiperactivo como de un índigo o de un índigo hiperactivo o de un hiperactivo que será índigo.

Ante una pérdida, el hiperactivo como que no se da mucha cuenta, como siempre está en la acción, a la mejor algún día pregunta: “¿Y el abuelito dónde se ha ido?”. “El abuelito ha muerto”. “¿Y cuando va a llegar?”. Y a los tres o cuatro meses: “¿Cuándo me dijiste que va a volver el abuelito?”. “El abuelito ha muerto”. “¡Ah!”… Hasta que va creciendo ya va entendiendo. Como que el tema de la muerte, la vida, como que su mente está bastante atemporal. El índigo también tiene una mente bastante atemporal, pero sabe que nacer es morir a otra realidad, y que morir aquí es nacer a otra realidad allí de alguna manera lo sabe. Y es más, te dice: “El abuelito se ha ido su cuerpo, pero al abuelito yo lo siento, yo lo veo, viene a mi habitación”… Te las puede decir cualquier cosa de éstas. Eso ante una pérdida.

Necesidad de amor y de cuidados. El hiperactivo constantemente, siempre porque es su base, el amor es la base para que se desarrolle y madure. ¿Qué hacían con nosotros cuando éramos pequeños, con los hiperactivos? Nos apartaban porque éramos un estorbo: no se nos podía llevar a las fiestas, tocábamos y rompíamos las cosas, y el hiperactivo es igual. Entonces necesitamos atención y cuidados siempre. El índigo por supuesto que también, pero lo hace cada tanto. El índigo sabe cuando estás haciendo un teatro, o cuando estás haciendo un cumplido. Si tienes un índigo en clase o sobretodo en casa, sabrás muy bien de lo que hablo cuando viene una visita o un amigo o una amiga, y el índigo le hace el escáner y ni siquiera se molesta en ser cariñoso ni amable. Y efectivamente esa persona, pues como que tiene una vibra rara, muy rara, y puede que tu no te hayas dado cuenta pero el niño si, y si no al tiempo. El índigo no suele equivocarse casi nunca, casi… Tampoco lo vayamos a tomar como un oráculo de amistades: “al nene no le cayó bien, no lo invites más”… Pues no…

Bueno, y ya que escribí de hiperactivos e índigos, decirte que los de ahora ya son nueva oleada, son los NIÑOS CRISTAL. Ya hablaré de ello en unos días.

¡Suerte con tu hijo! Yo estoy encantado con los míos, los adoro.

02 mayo 2011

DIME COMO COMES Y TE DIRE QUIEN ERES


Somos lo que comemos
¡Qué gran verdad!

El alimento es la vida misma. La manera de tomarlo, absorber su aportación y eliminar lo que no es nutritivo, es el cómo vivir la vida. De ti depende: ¿qué decides comer y cómo lo digieres?... al igual que cualquier vivencia en tu vida. El cuerpo, no es más que el reflejo de tu elección.

Desde que el alimento entra en la boca, hasta ser defecados sus restos, hay todo un proceso… hay toda una vida, que dura lo que tú decidas.

Dime como comes y te diré quién eres.

Por medio de la digestión, procesamos elementos materiales de este mundo.
La digestión abarca, pues:

1. Captación del mundo exterior en forma de elementos materiales
2. Diferenciación entre lo asimilable y lo no asimilable
3. Asimilación de las sustancias asimilables
4. Expulsión de lo no digerible

El que tiene hambre de cariño y no puede saciarla, manifiesta este afán en el aspecto corporal en forma de hambre de golosinas. El hambre de golosinas siempre expresa un hambre de cariño no saciada. Queda patente el doble significado que se atribuye a lo dulce: cuando de una chica guapa decimos que es un bombón y que está para comérsela. El amor y lo dulce tienen una estrecha relación.

Lo dulce

El deseo de golosinas en los niños es claro indicio de que no se sienten lo bastante amados. Los padres suelen protestar de semejante imputación diciendo que ellos «harían cualquier cosa por su hijo». Pero «hacer cualquier cosa» no es forzosamente lo mismo que «amar». El que come caramelos anhela amor y seguridad. Es más fiable esta regla que la valoración de la propia capacidad de amar. También hay padres que atiborran de golosinas a sus hijos, con lo que indican que no están dispuestos a ofrecer amor a sus hijos, por lo que tratan de compensarles de otro modo.

Las personas que realizan un trabajo intelectual y tienen que pensar mucho muestran preferencia por los alimentos salados y los platos fuertes.

Los muy conservadores tienen predilección por los alimentos en conserva, especialmente los ahumados y el té cargado que beben sin azúcar (en general, alimentos ricos en ácido tánico).

Los que gustan de comidas picantes denotan deseo de nuevas emociones. Son personas amantes de los desafíos, a pesar de que pueden ser indigestos, diametralmente opuestas a las que sólo comen cosas suaves: nada de sal ni especias. Estas personas rehúyen todo lo que sea novedad. Se desentienden de los retos y temen todo enfrentamiento. Este temor puede acentuarse hasta hacerles adoptar un régimen a base de papillas, como el del enfermo del estómago.



Tomar papilla = querer desentenderse

Las papillas son comidas de bebé, lo que indica claramente que el enfermo del estómago ha experimentado una regresión hasta la indiferenciación de la infancia, en la que no se puede elegir ni cortar y hay que renunciar hasta a morder y masticar (actividades estas en exceso agresivas) la comida. Este individuo evita tragar alimentos sólidos.

Un temor exagerado a las espinas simboliza el miedo a las agresiones. La preocupación por los huesos, miedo a los problemas -no se quiere llegar al meollo de la cuestión.

Pero también existe el grupo contrario: los macrobióticos; tan de moda ahora en la nueva era. Estas personas van en busca de problemas a los que hincar el diente. Quieren desentrañar las cosas y prefieren los alimentos duros. Llegan hasta evitar los aspectos placenteros: a la hora del postre, eligen algo duro de roer. Los macrobióticos denotan así cierto miedo al amor y la ternura y su incapacidad para aceptar el amor.

Algunas personas llevan a tal extremo su afán de huir de los conflictos que acaban teniendo que ser alimentadas por vía intravenosa en una unidad de cuidados intensivos. Ésta es sin duda la forma más segura de vegetar sin tener que molestarse.

Los dientes

Los alimentos entran por la boca y en ella son triturados por los dientes. Con los dientes mordemos y masticamos. Morder es un acto muy agresivo, expresión de la capacidad de agarrar, sujetar y atacar. El perro enseña los dientes para demostrar su peligrosa agresividad; también nosotros decimos que vamos a «enseñar los dientes» a alguien cuando estamos decididos a defendernos. Una mala dentadura es indicio de que una persona tiene dificultad para manifestar su agresividad.

Bruxismo

Hay personas que hacen rechinar los dientes mientras duermen, algunas con tanta fuerza que hay que ponerles un aparato en la boca para que no se los desgasten de tanto rechinar. El simbolismo está claro. El rechinar de dientes es sinónimo reconocido de agresividad impotente. El que durante el día no puede ceder al deseo de morder, tiene que rechinar los dientes por la noche hasta desgastarlos.

Las encías

Las encías son la base de los dientes, su lecho. Las encías representan también la base de la vitalidad y agresividad, confianza y seguridad en sí mismo. Pero las encías sensibles que sangran con facilidad no sirven para ello. La sangre es símbolo de vida, y la encía sangrante nos indica cómo, a la menor contrariedad, se le va la vida a la confianza y a la seguridad en sí mismo.


Tragar

Una vez triturados los alimentos con los dientes, los ensalivamos y los tragamos. Con el acto de tragar integramos, admitimos: tragar es incorporar. Mientras tenemos algo en la boca podemos escupirlo. Una vez lo hemos tragado, el proceso es difícilmente reversible. Los trozos grandes son difíciles y hasta imposibles de tragar. A veces, en la vida uno tiene que tragar algo contra su voluntad, por ejemplo, un despido. Hay malas noticias que son difíciles de tragar.

Alcoholismo

Precisamente en estos casos, un poco de líquido puede facilitar la operación, especialmente si se trata de un buen trago. Del alcohólico se dice que traga mucho. Por lo general, el trago alcohólico sirve para facilitar o, incluso, sustituir otros tragos. Se traga alcohol porque en la vida hay otras cosas que uno no puede ni quiere tragar. Así, el alcohólico sustituye la comida por la bebida (beber mucho provoca pérdida del apetito), sustituye el trago duro y sólido por el suave y líquido, el trago de la botella.
Hay numerosos trastornos de la deglución, por ejemplo, el nudo en la garganta, o unas anginas, que producen la sensación de no poder tragar. En estos casos, el afectado debe preguntarse: ¿Qué hay actualmente en mi vida que yo no pueda o no quiera tragar?

Aerofagia

Entre estos trastornos figura el de la «aerofagia», afección que impulsa a tragar aire. Huelgan más explicaciones para descubrir lo que ocurre en estos casos. Hay algo que uno no quiere tragar, no quiere asimilar, pero disimula tragando aire. Esta resistencia encubierta contra la deglución se manifiesta después con eructos y ventosidades.

Náuseas y vómitos

Una vez hemos tragado el alimento, éste puede resultar indigesto, como si tuviéramos una piedra en el estómago. Ahora bien, la piedra, al igual que el hueso de la fruta, es símbolo de problema. Todos sabemos cómo puede bloquearnos el estómago y quitarnos el apetito un problema.

Apetito

El apetito depende en gran medida de la situación psíquica. Hay multitud de expresiones que señalan esta analogía entre los procesos psíquicos y somáticos: Eso me ha quitado el apetito, o, sólo de pensarlo me da mareo. O también: nada más verlo se me revuelve el estómago.


Mareos

El mareo señala rechazo de algo que, por lo tanto, se nos sienta en la boca del estómago. También comer desordenada y atropelladamente puede producir mareo. La náusea culmina en el vómito del alimento.

Vómito

El individuo se libra de las cosas e impresiones que rechaza, que no quiere asimilar. El vómito es una expresión categórica de defensa y repudio. Vomitar es «no aceptar». Esta relación se expresa claramente en los vómitos del embarazo. Aquí se expresa el rechazo inconsciente de la criatura o del semen que la mujer no quiere «incorporar». Siguiendo el razonamiento, los vómitos del embarazo también pueden expresar un rechazo de la función femenina (la maternidad).

El estómago

El lugar al que a continuación llega el alimento (no vomitado) es el estómago, cuya primera función es la de servir de recipiente. Él recibe todas las impresiones que vienen del exterior, lo que hay que digerir. La capacidad de recibir exige apertura, pasividad y capacidad de entrega. En virtud de estas propiedades, el estómago representa el polo femenino. Mientras que el principio masculino está caracterizado por la facultad de irradiar y por la actividad (elemento fuego), el principio femenino engloba la capacidad de aceptación, la abnegación, la sensibilidad y la facultad de recibir y guardar (elemento agua).

Lo que representa el elemento femenino en el terreno psíquico es la sensibilidad, el mundo de la percepción. Si un individuo reprime en la mente la capacidad de sentir, esta función pasa al cuerpo, y el estómago, además de los alimentos, tiene que admitir y digerir los sentimientos. En este caso, no es que el amor pase por el estómago sino que sentimos un peso en el estómago que más tarde o más temprano se manifestará como adiposidad.

Producción de ácidos

Además de la facultad de recibir, en el estómago hallamos otra función, correspondiente ésta al polo masculino: producción de ácidos. El estómago reacciona produciendo un ácido agresivo con el que pretende modificar y digerir unos sentimientos no materiales, empresa difícil y molesta que nos recuerda que no es conveniente tragarse el mal humor ni obligar al estómago a digerirlo. El ácido jugo gástrico aumenta porque quiere imponerse. Pero esto acarrea problemas al enfermo del estómago, que carece de la capacidad de enfrentarse conscientemente con su mal humor y su agresividad, para resolver de modo responsable conflictos y problemas.


Enfermo de estómago

El enfermo del estómago o no exterioriza su agresividad (se la traga); o demuestra una agresividad exagerada, pero ni un extremo ni el otro le ayudan a resolver el problema realmente, ya que carece de confianza y seguridad en sí mismo, sentimiento indispensable para que el individuo resuelva su problema, carencia a la que aludimos al tratar del tema Dientes-Encías.

El enfermo del estómago es una persona que rehúye conflictos. Inconscientemente, añora la plácida niñez. Su estómago pide papilla. Y el enfermo del estómago se alimenta de cosas que han sido tamizadas por el pasapurés y que, por lo tanto, han demostrado ser inofensivas. Puede haber grumos. Los problemas se han quedado en el tamiz.

El enfermo del estómago no tolera los alimentos crudos, por bastos, primitivos y peligrosos. Antes de que él se atreva con los alimentos, éstos tienen que ser sometidos al agresivo proceso de la cocción. El pan integral es indigesto, porque aún contiene muchos problemas. Todos los alimentos sabrosos, el alcohol, el café, la nicotina y los dulces representan un estímulo excesivo para el enfermo del estómago. La vida y la comida tienen que estar exentas de desafíos. El ácido gástrico produce una sensación de opresión que impide registrar nuevas impresiones.

La ingestión de medicamentos antiácidos suele provocar eructos, con el consiguiente alivio, ya que eructar es una manifestación agresiva hacia el exterior. Con esto uno ha hecho disminuir un poco la presión. La terapia que suele aplicar la medicina académica (por ejemplo, «Valium») refleja la misma relación: el medicamento interrumpe químicamente la unión entre la mente y el sistema vegetativo

Ulcera

La actitud básica de proyectar los sentimientos y la agresividad no hacia fuera sino hacia dentro, contra uno mismo provoca finalmente la úlcera de estómago. La úlcera es una llaga que se forma en la pared del estómago. El enfermo de úlcera, en lugar de digerir las impresiones del exterior, digiere el propio estómago. El enfermo de estómago tiene que aprender a tomar conciencia de sus sentimientos, afrontar conscientemente los conflictos y digerir conscientemente las impresiones. Además, el paciente de úlcera debe admitir y reconocer sus deseos de dependencia infantil, de la protección materna y el afán de ser querido y mimado, incluso y precisamente cuando estos deseos estén bien disimulados tras una fachada de independencia, autoridad y aplomo. También aquí el estómago revela la verdad.

Los ácidos atacan, corroen, descomponen: son inequívocamente agresivos. Una persona que sufre un disgusto dirá: estoy amargado. Si la persona no consigue vencer este furor conscientemente o transmutarlo en agresión y se traga el mal humor, o traga bilis, su agresividad y su amargura se somatizan en ácidos estomacales.

En trastornos estomacales y digestivos sería relevante hacerse las preguntas siguientes:

1.¿Qué es lo que no puedo o no quiero tragar?
2. ¿Me consumo interiormente?
3. ¿Cómo llevo mis sentimientos?
4. ¿Qué me amarga?
5. ¿Cómo llevo mi agresividad?
6. ¿En qué medida huyo de los conflictos?
7. ¿Hay en mí una añoranza reprimida de un paraíso infantil sin conflictos en el que se me quería y mimaba sin que yo tuviera que abrirme paso a mordiscos?



Los Intestinos delgado y grueso

En el intestino delgado se produce la digestión propiamente dicha, mediante división en componentes (análisis) y asimilación. Llama la atención el parecido existente entre el intestino delgado y el cerebro. Ambos tienen una misión similar: el cerebro digiere las impresiones en el plano mental y el intestino digiere las sustancias materiales. Las afecciones del intestino delgado suscitan la pregunta de si el individuo no estará analizando demasiado, ya que la función característica del intestino delgado es el análisis, la división, el detalle.

Las personas con afecciones del intestino delgado suelen tender a un exceso de análisis y crítica, de todo tienen algo que decir. El intestino delgado es también un buen indicador de las angustias vitales; en el intestino delgado el alimento es valorado y «aprovechado». En el fondo de la preocupación por la valoración está la angustia vital, angustia de no recibir lo suficiente y morir de hambre.

Más raramente, los problemas del intestino delgado pueden denotar también lo contrario: falta de capacidad de crítica. Éste es el caso de la llamada insuficiencia pancreática.

Intestino delgado - Diarrea

Uno de los síntomas que con más frecuencia se dan en la zona del intestino delgado es la diarrea. Ése de miedo se lo hace en los pantalones. Tener caca significa tener miedo. En la diarrea tenemos la indicación de una problemática de angustia.

Diarrea = miedo

El que tiene miedo no se entretiene en estudiar analíticamente las impresiones sino que las suelta sin digerir. No hay más remedio. Uno se retira a un lugar tranquilo y solitario donde puede dejar que las cosas sigan su curso. Con ello se pierde mucho líquido, ese líquido símbolo de la flexibilidad que sería necesaria para ampliar la angustiosa frontera del Yo y con ello vencer el miedo. Ya hemos dicho que el miedo siempre está asociado con lo estrecho y con el afán de aferrarse.

La terapia del miedo consiste siempre en: soltarse y expandirse, adquirir flexibilidad, observar los acontecimientos: ¡dejarlo correr! El tratamiento de la diarrea suele limitarse a administrar al enfermo gran cantidad de líquidos. Con ello recibe simbólicamente esa fluidez que necesita para ampliar sus horizontes, en los que experimenta el miedo. La diarrea, ya sea crónica o aguda, nos indica siempre que tenemos miedo y que tratamos de aferrarnos y nos enseña a soltar y dejar correr.

Intestino grueso

En el intestino grueso, la digestión ya ha terminado. Aquí lo único que se hace es extraer el agua del resto de los alimentos indigestibles. La afección más generalizada que se produce en esta zona es el estreñimiento, modelo genuino de resistencia: retención-tensión y obstinación-deseo de venganza.

Defecación

Desde Groddeck, el psicoanálisis interpreta la defecación como un acto de dar y regalar. Para darnos cuenta de que simbólicamente la deposición tiene algo que ver con el dinero basta recordar una expresión común en Alemania de Geld-schieser (caga-dinero) y el cuento del asno de oro que, en lugar de estiércol, defecaba monedas de oro. Popularmente también se asocia el pisar deposiciones de perro con la perspectiva de recibir una suma de dinero. Estas indicaciones deben bastar para poner de manifiesto, sin recurrir a complicadas teorías, la relación simbólica existente entre excremento y dinero o entre defecar y dar.

Estreñimiento

Estreñimiento es expresión de la resistencia a dar, del afán e retener y está relacionado con la problemática de la avaricia. En nuestra época el estreñimiento es un síntoma muy extendido que padece la mayor parte de la gente. Indica claramente un exagerado afán de aferrarse a lo material (avaricia) y la incapacidad de ceder.


Reino de los muertos

Pero al intestino grueso corresponde otro importante significado simbólico. Si el intestino delgado se relaciona con el pensamiento analítico consciente, el intestino grueso corresponde al inconsciente, en el sentido literal, al «submundo». El inconsciente es, desde el punto de vista mitológico, el reino de los muertos. El intestino grueso es también un reino de los muertos, ya que en él se encuentran las sustancias que no pueden ser convertidas en vida, es el lugar en el que puede producirse la fermentación. La fermentación es también un proceso de putrefacción y muerte. Si el intestino grueso simboliza el inconsciente, el lado nocturno del cuerpo, el excremento representa el contenido del inconsciente.

Retener fondos reprimidos

Y ahora reconocemos claramente el otro significado del estreñimiento: es el miedo a dejar salir a la luz el contenido del inconsciente. Es la tentativa de retener fondos reprimidos. Las impresiones espirituales se acumulan y uno no consigue distanciarse de ellas. El paciente estreñido, literalmente, no puede dejar nada tras sí.

El estreñimiento nos indica que tenemos dificultades para dar y soltar, que queremos retener tanto las cosas materiales como el contenido del inconsciente y no queremos que nada salga a la luz.

Colitis

Se llama colitis ulcerosa a una inflamación del intestino grueso que se manifiesta en forma aguda y tiende a hacerse crónica y produce dolores y frecuentes deposiciones de mucosidades sanguinolentas.

Sangre y moco

También aquí la voz popular demuestra sus grandes conocimientos psicosomáticos: en alemán se llama vulgarmente Schleimscheisser o Schleimer, es decir, «caga moco», al individuo hipócrita, obsequioso y adulador capaz de todo por congraciarse, incluso de sacrificar su personalidad, de renunciar a su vida propia a fin de vivir la vida de otro en una especie de unidad simbiótica.

La sangre y la mucosidad son sustancias vitales, símbolos de la vida. (Los mitos de numerosos pueblos primitivos cuentan que la vida surgió del lodo o mucílago.) Sangre y moco pierde el que teme asumir su propia vida y su propia personalidad. Vivir la propia vida, empero, exige distanciarse del otro, lo cual provoca cierta soledad (pérdida de la simbiosis). De esto tiene miedo el que padece colitis. De miedo suda sangre y agua por el intestino. Por el intestino (= el inconsciente) ofrece en sacrificio los símbolos de su propia vida: sangre y moco. Sólo puede ayudarle reconocer que cada cual ha de vivir su propia vida de forma responsable, porque, si no, la pierde. Sangre es la lágrima que no se llora porque no asumes tu vida y la ocultas.

El páncreas

El páncreas forma parte del aparato digestivo y tiene dos funciones principales: la exocrina, que consiste en la producción de los jugos gástricos esenciales, de carácter eminentemente agresivo, y la endocrina. Mediante la función endocrina, el páncreas produce la insulina. El déficit de producción de estas células da lugar a una afección muy frecuente: la diabetes (azúcar en la sangre).


Diabetes = ausencia de amor

El diabético (por falta de insulina) no puede asimilar el azúcar contenido en los alimentos; el azúcar escapa de su cuerpo con la orina. Sólo sustituyendo la palabra azúcar por la palabra amor habremos expuesto con claridad el problema del diabético. Las cosas dulces no son sino sucedáneo de otras dulzuras. Detrás del deseo del diabético de saborear cosas dulces y su incapacidad para asimilar el azúcar y almacenarlo en las propias células está el afán no reconocido de la realización amorosa, unido a la incapacidad de aceptar el amor, de abrirse a él. El diabético -y esto es significativo- tiene que alimentarse de «sucedáneos»: sucedáneos para satisfacer unos deseos auténticos. La diabetes produce la hiperacidulación o avinagramiento de todo el cuerpo y puede provocar incluso un coma. Ya conocemos estos ácidos, símbolo de la agresividad.

Una y otra vez, nos encontramos con esta polaridad de amor y agresividad, de azúcar y ácido (en mitología: Venus y Marte). El cuerpo nos enseña: el que no ama se agria; o, formulado más claramente: el que no sabe disfrutar se hace insoportable. Sólo puede recibir amor el que es capaz de darlo: el diabético da amor sólo en forma de azúcar en la orina. El que no se deja impregnar no retiene el azúcar.

El diabético quiere amor (cosas dulces), pero no se atreve a buscarlo activamente («¡A mí lo dulce no me conviene!»). Pero lo desea («¡Qué más quisiera, pero no puedo!»). No puede recibir, puesto que no aprendió a dar, y por lo tanto no retiene el amor en el cuerpo: no asimila el azúcar y tiene que expulsarlo. ¡Cualquiera no se amarga!

En definitiva, el cuerpo humano es todo… y no solo mente para atajar la vida. La enfermedad es el resultado de un bloqueo, y su manifestación es el síntoma.

El texto cuerpo de este artículo está basado en mis apuntes del libro: LA ENFERMEDAD COMO CAMINO de T. Dethlefsen & R. Dahlke.

Llevo años aplicando la enfermedad como terapia de sanación, es decir, descifrando lo que tu cuerpo te está diciendo con ese síntoma. He tratado a cientos de personas. Los resultados: 100% satisfactorios. Sigo tratando a personas y dando conferencias. Todo el mundo sale satisfecho.

Mi terapia consiste en:
  1. explicarle a la persona lo que le sucede, a través del mensaje de su síntoma
  2. la persona ahora sabe lo que le sucede. En verdad, ya lo sabía... lo que pasa es que rehuía.
  3. la persona decide o no, aceptarlo.
  4. al final tiene dos opciones: a) decide seguir así sufriendo; o bien la otra, b) decide sanar
  5. si toma la opción b), necesitará siempre energía. Todo el mundo lo necesita.
  6. le canalizo energía ,(basada en mi propia técnica fruto del aprendizaje de otras), en cuantas sesiones desee
  7. al tiempo, le pregunto como va... y todo el mundo mejora.
Me comprometo a escribir pronto sobre esto.
Conozco personas enfermas de muchas cosas... y siguen enfermas porque les da la gana. Así les va su alma y vida en todas sus dimensiones.

Te deseo salud y enfermedad


¡Acéptate! ¡Ámate!